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El gran día de San Blas. SAX

El gran día de San Blas. SAX
 
La pasión por San Blas, si bien es un factor constante en la vida de los habitantes de Sax, alcanza su máximo esplendor en plenas fiestas de Moros y Cristianos. Consagrados a su Patrón, los festejos de febrero alcanzaron ayer su punto álgido con la celebración del día grande, una jornada profusa en actos destinados al lucimiento de los entregados festeros que desde el lunes viven las jornadas más felices del año.

La localidad amaneció con unas temperaturas que poco invitaban a echarse a la calle pese al constante repicar de las campanas que llamaban al primer acto del día. Los más madrugadores desafiaron al frío para participar en la Diana con el añadido del estruendoso sonido de las tracas como una invitación más a participar. Alrededor de las ocho y media de la mañana los festeros partieron desde el principio de la Plaza de la Constitución, con las ocho bandas de música repartidas en dos bloques, uno por cada bando. A su llegada a la Plaza de la Constitución, con las últimas notas musicales, se disparó otra gran traca.
Con los termómetros marcando unos insuficientes tres grados, a las diez de la mañana dio comienzo el Acto del Predicador. Un honor que este año ha recaído en Francisco Perea, que durante varios años fue párroco del municipio y participante activo de las fiestas en la comparsa de Cristianos, de la que llegó a ser Capitán. Ya en el interior de la iglesia, y enmarcado en la Misa Mayor que presidió Francisco Galiana, Perea centró su discurso en el constante esfuerzo que exige la vida, así como en la pérdida del espíritu de lucha de las generaciones recientes, que han crecido en un ambiente donde no se valora el sacrificio. Con un recuerdo a los mártires cristianos -San Blas fue uno de ellos- recordó también como profesar la fe fue una actividad de riesgo en sus inicios. Como anécdota, el Predicador recordó los años que, siendo párroco, tuvo que acompañar a quienes le precedieron.

Pasadas ya las doce y media comenzó la Procesión de San Blas, marcada por el drástico cambio de las temperatura -unos doce grados- y una gran participación. El cortejo, que se completó en apenas tres horas, sirvió para que las capitanías festeras se luciesen, en especial las Capitanas, cuyos trajes llenos de pedrería y lentejuelas brillaron con la intensa luz del sol. A su vuelta a la iglesia, la figura del Patrón recibió una lluvia de vítores que demostró una vez más la pasión e intensidad de jornada.

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